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jueves, 29 de enero de 2015

MICRORRELATO: Inés Gallardo Grau. EL ENOJO...Y LA ALEGRÍA

En este atardecer gris de otoño  y bajo una lluvia finita y suave que se apoya en mis hombros y me acaricia camino lentamente hacia mi hogar, el dìa de trabajo ha sido agotador, solo ansìo mis amadas pantuflas,un plato de comida caliente y el sueño reparador despuès del beso amoroso de mis hijos.
Cruzan por mi mente pensamientos que no quisiera,intento apartarlos pero vuelven una y otra vez.
Mi amada esposa aquella bella jovencita que atrapo mi corazòn con su dulzura se ha ensombrecido,sus dìas son oscuros, su mirada ya no tiene la alegrìa de otros tiempos,intento recuperarla pero su alma dolida  se resiste.
Al llegar me recibe con su mirada triste , enojada me dice cosas que no escucho,sus quejas por la vida no deseada son interminables, mis hijos la contemplan caminar sin rumbo por la casa sin comprender.
Han pasado los dìas y la tristeza sigue habitando mi hogar.
Esta mañana por fin el sol brilla sobre los charcos y los pinta de color cielo es un bello dìa,el amarillo de los àrboles viste el aire de un dorado màgico y misterioso.
-No te vayas Rey Sol entrègame tu tibieza un tiempo màs!
Y el sol en su infinita generosidad me acompaña hasta cruzar el puente de los Enamorados, allì se despide prometiendo regresar.
Inmòvil en el umbral de la puerta espero la mirada entre enojo y tristeza de mi amada,al abrirse me sobresaltan las campanillas que de ella cuelgan,y de pronto un haz de luz me envuelve junto con el abrazo y el beso càlido de la mujer que amo.
La miro sorprendido y por lo bajo timidamente pregunto que ha sucedido.
Entre làgrimas de alegrìa me cuenta que esa mañana perdida y entristecida salio por las calles de la ciudad a la deriva y sin rumbo buscando los trozos de su vida perdidos.
De pronto vio un grupo de personas que esperaban en un portal para escuchar las palabras misteriosas de un forastero, la curiosidad la hizo unirse a esa gente para oir al desconocido, quien con el amor y la alegrìa en los labios y en su mirada les contaba la maravilla de amar cada momento de nuestros dìas,los que se escurren de nuestras vidas sin poder detenerlos.
Les dijo que el amor que ponemos en nuestras manos al ofrecer los alimentos que preparamos en la rutina de todos los dias llega e inunda el corazòn de los que amamos,y que cada instante que nuestro corazòn resplandece hace brillar el corazòn de todos.
Con la mirada de luz de aquella jovencita que conocì una tarde de verano junto al rio me susurro:
"Salì apresurada de esa casa que me pareciò pintada de brillantes colores y corrì hasta cansarme para llegar a nuestro hogar, en el camino busque unas flores en la tienda de Delfina,unos chocolates para los niños en casa de Antonio y una exquisita torta para compartir contigo"
Los niños me miraron sorprendidos y la sonrisa iluminò sus caritas de rosas y la mia.
" Y aquì estoy ofrecièndote este corazòn renovado que comprende que el amor que habita  en èl no muere nunca y que el Dios del Universo extiende su mano sanadora a quien la necesita"
Desde aquel dìa cada hora de nuestras vidas son agradecidas con alegrìa y nuestras cenas compartidas con el misterioso extranjero que cada otoño nos visita amorosamente.

Autora
Inès Gallardo Grau

P/D Que el amor y la alegria esten siempre presentes en nuestros dias, cuando sentimos el placer del aroma de nuestros alimentos,cuando observamos llover a traves de la ventana, cuando nos abrigamos y caminamos por las calles, cuando leemos un libro,cuando una bella musica acompaña nuestra tarde de un perfumado tè,cuando escuchamos de pronto un pàjaro que nos dice que allì esta para nosotros,que la alegria esté en nuestros corazones aun en las horas de tristeza,
Cuando....tantas cosas!!!

¡Cuántas veces en la vida familiar pasan estas cosas! Gracias Inés muy bueno.

domingo, 11 de enero de 2015

COMPARTIENDO: Olga Zajac, REFLEJO DE UNA VIVENCIA


-Pedro, Pedro, vení – Llamaba Olga su nieto.
Ella quería que la ayudara a sostener la escalera porque quería ver en lo alto del placard si encontraba una pelota para que Pedro jugara en el patio.
Pero Pedro iba y venía y no le prestaba atención, por lo que decidió arriesgarse y subir sin ayuda.
Nada, no había ninguna pelota sobre el placar, habría que ir a comprarla.
Ya iba a bajar, cuando de golpe sus ojos tropezaron con un retrato de su mamá que ya no recordaba.
Bajó la escalera apresurada con el cuadro, buscó un clavo y un martillo y en un lugar preferencial lo colgó a la vista de todo el mundo. La mamá luce en la foto esbelta, hermosa, digna de admirarla.  Gracias a su Pedro querido encontró la foto olvidada de su madre.
Gracias mamita por tanto amor que me diste siempre, murmura Olga emocionada.

                                        Olga Zajac 

Gracias Olga por tu compartir.


lunes, 10 de noviembre de 2014

MICRORRELATO: Inés Gallardo Grau, REBECA


El cielo comenzaba a aclarar su oscuridad nocturna mientras los pájaros inundaban las pedregosas calles con su canto agitando los árboles en su alegría.
Mientras peinaba su perfumado cabello extasiada mirando el dorado y bello amanecer Rebeca lo vio pasar y su alma suspiro enamorada,su corazón galopaba dentro de su pecho sin poder aquietarse.
Era un joven bello,su túnica blanca cubría sus sandalias en su paso lento y armonioso, sus cabellos dorados eran luminosos,su rostro sereno, su mirada intensa, perturbadora, insondable, su sonrisa siempre junto a Él.
Rebeca ocultó su rostro detrás de la fina y blanca cortina de lino para observarlo sin sorprenderlo, lo vio alejarse saludando a su paso a los mercaderes y a las mujeres con esa sonrisa  arrebatadora, y pensó que misterioso es el amor que invade el alma atropellando los sentidos y llenado el corazón de alegría y esperanza.
La sorprendió la visita de su madre en su alcoba perturbando esa embriaguez que la envolvía, se abrazaron en silencio en el encuentro matinal de cada día.
En ese día de primavera cálido y perfumado con los jazmines que trepaban por su ventana, reflexionaba una y otra vez como presentarse ante la invitación de la familia del bello joven.
Su cuerpo envuelto en su túnica ambarina se movía inquieto por la habitación, como agradar, como dominar sus emociones, cuales debían ser sus mejores palabras, y así atrapada en sus alegrías fue en busca de su diario y placentero desayuno,su canto por la estancia hacía estremecer las flores del jardín.
Cuando el atardecer acalló el trino de los pájaros y pintó el inmenso cielo de un rojo profundo, padre e hija atravesaban las empinadas calles de la aldea.
La suave brisa de la tarde ondulaba la túnica celeste que cubría los cabellos de Rebeca, tomados de la mano se miraban ansiosos por el anhelado encuentro.
Jamás imaginó la bella  Rebeca que su corazón agonizaría de tristeza, el bello joven fue gentil, amoroso, todo Él fue ternura con sus visitantes, pero sus labios pronunciaron palabras no deseadas, su destino lo llevaba por caminos desconocidos e incomprensibles para la apasionada Rebeca.
-Siempre vivirás en mi mente y en mi corazón, inolvidable Rebeca!
La madre del joven abrazó amorosamente a esa niña enamorada intentando aliviar su pena.
Cuando la noche invadía el caserío, dos siluetas avanzaban lentamente perdiéndose en un recodo de la calle de los Suspiros rumbo al templo de la Iluminación en busca del consuelo de los dioses.
Rebeca se abrazaba a su padre buscando protección, su corazón había quedado cautivo en el corazón de ese joven para siempre.
Quiso el extraño destino que la hermosa Rebeca dejara sus lágrimas en su último día en este mundo a los pies de ese inalcanzable amor terrenal.

Autora
Inés Gallardo Grau

(Rebeca era hija de Esdras un comerciante de Nazaret, quien se enamoro de Él, Jesús lo supo y tuvo el valor y la honradez de aclararle a ella y a su familia cual era su destino. Rebeca jamás se casó y siguió enamorada del Maestro. Fue una de las mujeres que permaneció al pie de la cruz. Libro de Urantia)
Juzga por ti mismo, Él hará el resto.....

Gracias Inés. Es verdadera la historia. Bendiciones

martes, 4 de noviembre de 2014

MICRORRELATO: Inés Gallardo Grau, EL POETA DE LOS CIELOS

Ocurrió una hermosa tarde de primavera,el Ángel gozaba  enamorado de  la música que venia de los cielos, cuando de pronto recibió un llamado del Diablo, vaya uno a saber que clase de comunicación tenían, informándole que un señor muy hablador decía que era poeta,que se llamaba Santos y que deseaba conocer el infierno, el Diablo que todo lo sabe presintió que ese no era un  lugar para él y lo envió a visitar al Ángel.
El Ángel lo recibió amorosamente y lo invitó a compartir el cielo, pero el hombre fastidiado pidió volver al Infierno, ante su insistencia fue regresado a la presencia del Diablo, quién tuvo que recibirlo a pesar de su negativa.
Pasaron los días y el poeta ya aburrido de tanta maldad reinante a su alrededor y sintiéndose peligrosamente atraído por algunos grupos humanos recién llegados a compartir varias maldades, tomó sus pertenencias, saludó desde lejos al Diablo que se encontraba muy ocupado recibiendo gente y volvió a buscar al Ángel, quién lo recibió con la condición de que se decidiera por algún lugar, para no molestar e interrumpir al Diablo en su intenso trabajo, y tampoco a él en su placentero  descanso musical. 
Indeciso el hablador pidió volver a su hogar terrenal lo cuál era un deseo imposible de cumplir.
Dicen los payadores que aquí lo cuentan que el poeta desde aquél día en las noches estrelladas y abrazado a la luna regresa  a la tierra enamorando a las mujeres y a los hombres con sus versos.

Autora
Inés Gallardo Grau
Ingenioso, muy ingenioso Inés. Muchas gracias.

domingo, 12 de octubre de 2014

MICRORRELATO: Inés Gallardo Grau: ESPOSOS Y AMANTES

Ese día parecía uno más en la tranquila vida de los habitantes de ese pueblito de piedra escondido en la montaña
Era una cálida mañana de verano, la brisa ondulaba las flores de un bello jardín, el sol las acariciaba suavemente para no agobiarlas con su ternura, nada hacia suponer la tormenta que amenazaba la casa de los Torres Villalba.
Se habían enamorado siendo adolescentes y desde entonces estaban juntos, no fue un amor de  película pero era amor al fin.
Los hijos supieron darles una vida compartida, pero aquellos ya habían dejado el nido partiendo en busca de otros destinos más interesantes que el pequeño y amado pueblo de la infancia.
Dorotea comenzaba a sentir los síntomas de soledad y aburrimiento que apaciguaba en los encuentros con las vecinas y alguna ocasional amiga, buscando emoción y  novedades en los comentarios de vidas ajenas, también la visita a la virgen del Consuelo aliviaba su alma inquieta.
Unas copas compartidas con los viejos amigos alegraban los días de Carmelo, regresando al atardecer en busca del calor hogareño.
Cuando se encontraban marido y mujer se miraban indiferentes compartiendo el final del día en silencio.
Una noche Dorotea despertó sobresaltada, había soñado que un joven apuesto y generoso se había ofrecido llevarla hasta su casa cuando volvía de sus compras semanales mientras caminaba cuesta arriba la calle del Silencio rumbo a la suya.
Dorotea aceptó el compartir el alivio de su carga y al agradecerle su gesto lo miró a los ojos y quedó increiblemente atrapada en ellos!
Bruscamente despertó descubriendo que solo estaba a su lado su inconfundible marido.
En ese instante pensó que había llegado la hora de torcer el destino hacia una vida mas placentera y apasionada.
No pudo conciliar el sueño imaginando como decirle a Carmelo que debían buscar nuevos rumbos, no precisamente juntos...
La tormenta se desató mientras desayunaban, los gestos y las palabras de Carmelo eran irreproducibles, pero Dorotea decidida sonreía e insinuaba que su  sueño habia sido premonitorio y que llegaban vientos de una renovada felicidad.
Dorotea informo a sus hijos que partía unos días de vacaciones y de un merecido descanso, y que no pensaran en visitarlos porque su padre también se iría de viaje con  rumbo desconocido.
Pasaban los días y los amigos del pueblo no salían de su asombro ante la noticia, agotaban los comentarios imaginando donde estarían las almas de Dorotea y Carmelo...vecinas y amigos  envidiaban a los ausentes.
Pasaron los meses y la casa junto al barranco seguía esperándolos, el verano había llegado a su fin, ya no había flores en el jardín pero los añosos árboles todavía engalanados con su follaje ansiaban la llegada de sus dueños.
Y sucedió que una colorida y perfumada mañana que anunciaba la llegada de la primavera, una Dorotea y un Carmelo con una luz extraña en sus miradas en un regreso nostalgioso se encontraron en el camino de piedra que lleva al pueblo,se reconocieron y mirándose apasionados como cuando eran adolescentes,unieron  sus manos con fuerza intentando no separarse y emprendieron el camino hacia el hogar abandonado.
Dicen los vecinos que los nuevos amantes caminan sonriendo por las calles angostas rumbo a la ermita de la virgen del Consuelo,y cuando regresan una luz misteriosa los envuelve.
Doña Paulina cuenta por lo bajo que cuando la luna ilumina la casa de su vecina se escucha cantar y bailar a los Torres Villalba
Sus hijos dicen que sus padres no parecen los mismos,que siempre los esperan en el jardín tomados de la mano como dos adolescentes.
La luna enamorada vigila por las noches el sueño de los amantes!

Autora Inés Gallardo Grau

Hay veces que las separaciones hacen bien. Creo que eso es lo que quiso decir Inés en este Microrrelato. Gracias

martes, 9 de septiembre de 2014

MICRORRELATO: Inés Gallardo Grau, LA DECISIÓN

" LA DECISION"
( Luis VII / Leonor de Aquitania/ Enrique II en la imaginacion de Ines)

Subió temprano al escondido minarete, estaba ansiosa por ver llegar a su esposo después de dos interminables años de ausencia por tierras lejanas.
Con un vestido de seda liviana descalza y con su largo cabello al viento Leonor miraba inmóvil con sus bellos ojos verdes el horizonte, el día era transparente, luminoso, solo una suave brisa anunciaba esa mañana tan esperada.
Mientras aliviaba el calor que comenzaba a insinuarse bebiendo su habitual agua de azahar, vio en la lejanía una figura que lentamente se aproximaba, el escudo que lo precedía era inconfundible  era él, su amado.
A paso lento  se acercaban los hombres tan esperados, todo era alboroto y alegría, los hombres cantaban  agitando los brazos, las mujeres respondían ondulando sus pañuelos multicolores con un himno de llegada.
De pronto en el rostro de Leonor se congeló su sonrisa, algo en las mejillas de su Luis había cambiado no podía reconocerlo, no lograba ver con claridad que había sucedido.
Su fiel amiga Messalina se acercó a su oido susurrando,
-mi querida, tu amado esposo se ha quitado la barba y luce extraño.
Un gesto de terror cruzó el bello rostro de Leonor, y cuando el Luis desconocido se acercaba a besarla con pasión retrocedió con desconcertado desprecio.
-Tú no eres el Luis que yo espero.
-Pero...mi señora soy yo tu esperado amante.
-Ante tus hombres y mis amigos es hoy día y noche de divorcio para nosotros, ningún hombre de estas tierras se inclina ante su amada sin su barba, los días por venir nos encontrarán por caminos diferentes.
Y así fué que Leonor abandono al amor de su vida, encontrando consuelo para su corazón en los brazos del joven Enrique en otras tierras.
El inconsolable Luis consumía sus días y sus noches imaginando la venganza ante su amor despreciado.
Muchos años duró su martirio, tantos que partió al más allá sin concretar con éxito lo que su corazón herido deseaba.
Leonor envió un emisario para expresar sus condolencias ante tan valiosa pérdida a quién quisiera escucharlas.
La decisión de una mujer atraviesa todos los tiempos!!!!

Autora
Ines Gallardo Grau
( Situacion ocurrida segun narra la historia e imaginada por la autora)
 
Muy linda la historia Inés. Como siempre interesante tu Microrrelato.

martes, 2 de septiembre de 2014

MICRORRELATO: Inés Gallardo Grau, IMAGINACIÓN DEL ÉXODO

" UN LARGO CAMINO"
( El Exodo en la imaginación de Inés)

La caravana se divisa desde las altas montañas como un cordón 
serpenteante que ondula al compás del viento ardiente del desierto.
El sol del mediodía castiga impiadoso las almas que vencidas por el cansancio detienen su marcha,no hay sombra que alivie los cuerpos solo las túnicas que cubren la blanca piel castigada de mujeres y niños que intentan recuperar las fuerzas agotadas en la larga caminata.
Los niños descansan en brazos de sus madres quienes beben el agua necesaria para continuar,se escuchan cánticos de alabanza rogando a su dios protección y agradeciendo la vida.
"Aquí estamos mi Dios Amado esperando nos lleves en tus brazos a la tierra prometida,vemos tu luz que nos guía y nos fortalecerá hasta el final de nuestro camino".
Eres nuestro Rey, acompáñanos!
Al atardecer cuando el crepúsculo enciende de fuego el horizonte y la tibia y dorada arena resplandece esperando la noche,el cielo comienza a vestirse de estrellas y la blanca luna alumbra al mundo.
Lentamente la caravana detiene su marcha,el frescor de la llegada de la noche alivia los pies cansados de los caminantes.
El hombre que encabeza el grupo  camina lento apoyado en su cayado blanco cubriendo su cara morena y barbada con su túnica amarronada que lo hace parecer más anciano,va rezando en voz baja en solitario , nadie lo acompaña,mira el cielo que va oscureciéndose y una sonrisa se dibuja en su cara arrugada,quizás su oración y sus pensamientos son los motivos de su alegría.
Una bella y joven mujer se acerca,lleva una túnica morada que cubre sus negros cabellos y sandalias que protegen sus pies del calor de la arena, se acerca y lo ayuda a beber de la vasija que lleva en sus manos,inclinando su cabeza el hombre agradece a la hermosa samaritana que se vuelve hacia el grupo ofreciendo su precioso elixir.
Al calor del fuego encendido para el alimento necesario, todos cantan y bailan con la alegría de una jornada bendecida,los niños corretean haciendo una ronda bajo la mirada amorosa de sus madres.
Ha llegado la noche y nuevamente el cansancio vence los cuerpos,en breves instantes todos duermen agotados sobre la cálida y generosa arena.
Amanece,el negro cielo comienza a vestirse de un azul majestuoso.mientras el mágico sol espera su turno para asomarse en el horizonte.
El aire de la mañana se impregna de las alabanzas de los hombres que comienzan a cargar las bolsas sobre sus hombros y a emprender otra jornada de fatiga y alegría.
Del otro lado de las azules montañas una tierra iluminada y sagrada los espera,nada detiene el deseo de los corazones que hacía allí van.
Cuando el sol abraza con más fuerza, el hombre del cayado que camina en soledad se detiene pareciera hablar con alguien,sonríe y moviendo sus labios agradece.
"Tú eres mi alegría Padre Amado y contigo iré hasta mi desconocido final,alumbra mi camino que ya está cerca,sostiene mis huesos y mi carne para vivir la gloriosa llegada a esa tierra que elegiste".
De pronto a lo lejos un horizonte verde los sorprende,los gritos y abrazos anuncian el final de la travesía,tomados de las manos cantan y bailan,las bellas y jóvenes mujeres agitan sus coloridos pañuelos y sus largos cabellos se mecen al compás de sus cuerpos,las ancianas agitan sus brazos acompañando el cántico y besando a los niños.
El cálido viento de la tarde se une al festejo y los acaricia con suavidad,una anciana de blanca túnica que se encuentra al final del grupo inca sus rodillas,mira apasionada el inmenso cielo y en señal de oración entrega sus lágrimas a la fina arena,un anciano la rodea con sus brazos y la besa amorosamente.
El camino se hace pedregoso y el primer verdor comienza a recibir los pies cansados de los caminantes,de pronto entre la frescura de un bosque que los recibe una luz los enceguece,la luz avanza e invade los corazones,las fatiga desaparece y los rostros resplandecen,las miradas tienen brillo de estrellas,unos y otros se miran asombrados  no preguntan pero saben que la travesía ha llegado a su fin,que es el momento del descanso,que esa luz es bendición,que es la tierra prometida.
El hombre del cayado eleva sus manos y todo él es luz dorada del amanecer!

Autora
Inés Gallardo Grau

Gracias Inés. Me encanta tu imaginación.

jueves, 14 de agosto de 2014

MICRORRELATO, Inés Gallardo Grau, JOSÉ CAMINO AL CAMPOSANTO

"JOSE"

En una mañana cálida de primavera un sol enamorado de un cielo azul que tiñe un mar sereno, observa con su brillo dorado desde el rojo horizonte la caravana humana que avanza lentamente por el pedregoso camino que bordea la playa caracolada de la pequeña isla  llevando a José rumbo al camposanto.
Las mujeres con sus ropajes oscuros que cubren sus cabellos y ondulan con la brisa del amanecer, rodean a Manuela y cantan canciones antiguas que un viento perfumado lleva hasta la aldea.
José fue un buen hombre, aunque no un santo, salía al campo de madrugada, regresaba sediento cuando el calor castigaba los cuerpos sin piedad para disfrutar el cordero asado y las legumbres que las mágicas manos de Manuela preparaban, el silencio siempre presente entre ambos como un muro invisible.
Luego de un breve descanso José caminaba hasta el pueblo y repartía sus horas hasta el anochecer entre amigos, tavernas y ocasionales compañías femeninas, honorables señoras de pueblos vecinos.
Ante los reclamos amorosos de Manuela,José decía que eran habladurías de supuestos enemigos.
Así pasaron los años de juventud, y cuando las canas y las arrugas sorprendieron a José, el incorregible intensificó sus andanzas misteriosas en un intento desesperado de recuperar los años vividos.
Manuela atendía sus dolencias físicas con un amor ya gastado y José recuperado volvía al ruedo conquistando corazones solitarios con su simpatía y con su ardor amoroso.
Una noche cualquiera de esos años José no regresó  a su lecho de marido descarriado, Manuela miró toda la noche el techo de su habitación evitando que las lágrimas salieran de sus bellos ojos negros.
Al amanecer decidió salir con rumbo desconocido en busca del ausente.
Fue en el camino de flores silvestres que lleva al rio que lo vió dormido sobre una mata de violetas, una mezcla de furia y compasión se apoderó del corazón de Manuela mientras lo observaba inmóvil.
El sol de la mañana había enrojecido el rostro de José y una leve sonrisa se dibujaba en sus labios.
Manuela se acercó reclamándole en voz baja los años perdidos y sorprendida descubrió que el corazón de José había dicho basta, basta de amores, basta de alegrías.
Se sentó a su lado, desplegó las lágrimas de rigor para dicha ocasión y a borbotones le pidió explicaciones por los años mal vividos intentando que José respondiera a tanta  tristeza, pero fué en vano.
Luego se incorporó lentamente, cubrió sus bellos cabellos rojizos, colocó sobre el pecho de su esposo una violeta solitaria y emprendió el camino rumbo al pueblo en busca de los amigos cómplices en la vida, y ahora en la muerte.
Todos camino al  camposanto,los amigos, las mujeres de la traición y al frente como debía ser, José y su Manuela.
Han pasado varios años, Manuela ha recuperado el brillo en su mirada,su alegría de otros tiempos y su buen humor, porque ahora que José no está, un entrañable amigo del difunto consuela en los días y en las noches a una viuda joven que insiste en encontrar el amor tardío.
Juntos comparten los amaneceres, los almuerzos y el tibio lecho, un testigo amoroso tanto tiempo olvidado.
Algunas tardes cundo el sol se oculta detrás del caserío y tiñe de colores los campos y las flores, ambos enamorados bajando por la calle de la Esperanza llegan al camposanto y cubren de flores el descanso de José.
Manuel ha dejado en el lugar una piedra grabada que dice:
" El amor siempre regresa, gracias José!"

Autora
Inés Gallardo Grau

Gracias Inés. Hermoso el microrrelato y la foto. Bendiciones.

jueves, 7 de agosto de 2014

MICRORRELATO: Inés Gallardo Grau, FURIA