miércoles, 7 de abril de 2021

PUBLICÓ LA REVISTA ARISTOS INTERNACIONAL ALICANTE - ESPAÑA. ELSA LORENCES DE LLANEZA. EFECTO PSICOLÓGICO DE LA PANDEMIA MARZO 2021

 

EL IMPACTO PSICOLÓGICO DEL CORONAVIRUS EN LA SOCIEDAD
Elsa Lorences de Llaneza
Argentina

  (VIVENCIA)

  El tema de hoy es muy complejo para mí, dado que no soy psicóloga y llevo un año encerrada en mi casa, por mi edad y mis enfermedades, si bien escucho en los medios de comunicación que los médicos hablan sobre ellos como malísimos. Por lo que voy a hablar sobre mi impacto psicológico.

   Mi vida transcurría encerrada en mi casa debido a un problema que no me dejaba caminar, entonces el Coronavirus irrumpió  en mi país. Surge un confinamiento estricto, que se suponía corto pero que duró ocho meses. Esto cambió rotundamente mi situación. Del silencio monacal al que estaba acostumbrada, pasamos a los gritos, las risas, y  las charlas  entre mi esposo que se tuvo que quedar en casa y mi nieta que, debido a que mi hija trabaja y la nena no tenía clases, vino a quedarse aquí. Primer impacto psicológico. Sacarme de mi zona de comodidad a otra que me fatigaba.

   A los quince días Delfina (mi nieta de 8 años) empezó a extrañar a su mamá a la cual veía a la distancia una vez por semana cuando ella venía a traernos los alimentos. Las despedidas empezaron a ser cada vez más tristes. Mi hija se iba con lágrimas en los ojos. Mi nieta se quedaba llorando desconsoladamente y nos costaba calmarla. No poder abrazar a los padres, hijos, nietos y abuelos fue la cosa más desgarradora por la que nos hizo pasar esta maldita epidemia. ¿En qué escala de impacto tendría que poner yo esta situación? No tengo medida pero creo que en una de las mayores.

   Hubo varios cumpleaños familiares en el medio, una Pascua y una Navidad, dónde solo me vi con toda la familia: mi hijo, mi nieta más grande, mi nuera y su mamá por video llamada, que nunca me gustó porque cuando cortábamos me hacía sentir más triste.

   Me di cuenta que tenía daño psicológico cuando pasé de dormir bien a no poder conciliar el sueño o despertarme en mitad de la noche y no poder volver a dormirme. Pasé dos días sin dormir ni una hora. Luché denodadamente por no volver a caer en la depresión, amiga conocida y despreciada porque siempre acecha. Sentía que psicológicamente estaba mal, pero no se podía recurrir a ningún lado. Lo consultorios estaban cerrados y los hospitales llenos de virus.

   Me desatendieron todas mis graves enfermedades preexistentes y el daño que me hicieron fue que ahora ya no me importa, porque cuando se puede ir a atenderse siempre la doctora tiene algún problema y me va dejando en el camino.  Y ahora me da lo mismo, porque no quiero salir. Ahora tengo miedo, miedo que nos han metido en la cabeza que ya viene una cepa más rápida y más mortífera y ¿saben qué? : A la muerte no le tengo miedo por mis creencias religiosas, pero sí tengo miedo a que alguno de mi familia se enferme y se muera solo como está pasando ahora. Que se enferme, se lo lleven y nunca más pueda verlo. ¿Esto es un impacto psicológico del Coronavirus? Claro que sí. ¿Qué lo tendrá todo el mundo? Eso no puedo asegurarlo.

   El Coronavirus vino a mostrarnos los frágiles que somos. Lo malo o lo buenos que podemos llegar a ser. Y vino para quedarse además de en los enfermos en la cantidad de indigentes que va dejando, en la cantidad de asesinatos que nos sacuden todos los días, en la cantidad de niños desnutridos que no pueden comer porque sus padres no tienen el dinero suficiente para alimentarlos, en la cantidad de gente despedida de sus trabajos, en la cantidad de niños que no van a la escuela, en la cantidad de personas que han muerto y lo seguirán haciendo.

   El que diga que no hubo Impacto Psicológico MIENTE y seguirán  muriendo porque esto, lamentablemente, todavía no terminó.

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