viernes, 18 de agosto de 2017

MÍSTICA ITALIANA VIDENTE DE LA VIDA DE JESÚS Y MARÍA. MARÍA VALTORTA

María Valtorta, mística italiana que nos dejó relatos de la vida de Jesús y María en la tierra, a través de su poema escrito en varios tomos: El Poema de El Hombre Dios.
Lo notable es que estos relatos le fueron dictados por el propio Cristo, o por la misma Madre de Dios, o por visiones celestiales que la acompañaron durante largos años de su vida, siendo que María reconoce que nada puso ella de todo lo escrito, todo le fue dictado o mostrado en visiones.

A partir de la aprobación formal otorgada por el Obispo Roman Danylak en la Ciudad de Roma, el 13 de febrero de 2002, podemos acceder en forma más abierta a la obra de Valtorta. Monseñor Danylak dijo en su escrito de otorgamiento de Nihil Obstat e Imprimátur al Poema de El Hombre Dios (aprobación de la obra y de la publicación, respectivamente):

“Digo que no hay nada objetable en el Poema de El Hombre-Dios y en todos los demás escritos de Valtorta en lo que respecta a la fe y la moral”.

Hoy ofrecemos a nuestros lectores el texto completo de esta maravillosa obra, como fuera publicado recientemente en diversos portales de internet. Finalmente podemos acceder a tan extraordinarias revelaciones que nos ayudarán a aumentar nuestro conocimiento de Jesús, y así amarlo aún más.



El Evangelio como me fue revelado – Poema de El Hombre Dios



María Valtorta


Introducción y vida oculta de Jesús — descargar PDF

Primer año de la vida pública de Jesús– descargar PDF

Segundo año de la vida pública de Jesús– descargar PDF

Tercer año de la vida pública de Jesús– descargar PDF

Preparación a la Pasión de Jesús– descargar PDF

Pasión y Muerte de Jesús– descargar PDF

Glorificación de Jesús y María — descargar PDF

EXCELENTE LIBRO "EL HOMBRE DIOS" PARA VIVIR TODA LA VIDA DE JESÚS Y MARÍA EN SU PÁGINA MAS HUMANA. PARA REFLEXIONAR.

EFEMERIDES: JOSÉ DE SAN MARTÍN

José Francisco de San Martín y Matorras1​ (Yapeyú, Virreinato del Río de la Plata, 25 de febrero de 1778 - Boulogne-sur-Mer, Francia, 17 de agosto de 1850)2​ fue un militar y político rioplatense cuyas campañas revolucionarias fueron decisivas para las independencias de Argentina, Chile y Perú. Fue reconocido, junto con Simón Bolívar, libertador de América por sus importantes contribuciones a la autodeterminación de una gran parte de la América española.
En abril de 1784, cuando tenía seis años, llegó con su familia a Cádiz, España ―previa estadía en Buenos Aires― y se radicó luego en la ciudad de Málaga.34​ Comenzó sus estudios en el Real Seminario de Nobles de Madrid y en la Escuela de Temporalidades de Málaga en 1786. Ingresó posteriormente al ejército español e hizo su carrera militar en el Regimiento de Murcia.5​ Combatió en el norte de África, luego contra la dominación napoleónica de España y participó en las batallas de Bailén y La Albuera.6
Con 34 años, en 1812, tras haber alcanzado el grado de teniente coronel, y luego de una escala en Londres, retornó a Buenos Aires, donde se puso al servicio de la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata.7​ Se le encomendó la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo (que hoy lleva su nombre), que tuvo su bautismo de fuego en el combate de San Lorenzo.8​ Más tarde se le encargó la jefatura del Ejército del Norte, en reemplazo del general Manuel Belgrano.9​ Allí concibió su plan continental, comprendiendo que el triunfo patriota en la guerra de la independencia hispanoamericana solo se lograría con la eliminación de todos los núcleos realistas que eran los centros de poder leales a mantener el sistema colonial en América.10
Nombrado gobernador de Cuyo, con sede en la ciudad de Mendoza, puso en marcha su proyecto:11​ tras organizar al Ejército de los Andes, cruzó la cordillera del mismo nombre y lideró la liberación de Chile, en las batallas de Chacabuco y Maipú. Luego, utilizando una flota organizada y financiada por Chile,1213​ y luego de recibir instrucciones del Senado de Chile,1415​ atacó al centro del poder español en Sudamérica, la ciudad de Lima, y declaró la independencia del Perú en 1821. Finalizó su carrera de las armas luego de producida la Entrevista de Guayaquil con Simón Bolívar, en 1822, donde le cedió su ejército y la meta de finalizar la liberación del Perú.16
Partió hacia Europa, donde murió el 17 de agosto de 1850.17
En Argentina se lo reconoce como el «Padre de la Patria»18​ y el «Libertador»,1​ y se lo valora como el principal héroe y prócer del panteón nacional. En Perú también se lo recuerda como el «Fundador de la Libertad del Perú», el «Fundador de la República», el «Generalísimo de las Armas» y el «Libertador» del país.19​ El Ejército de Chile le reconoce el grado de capitán general.20

Se necesitan Próceres como San Martín. ¿Alguien sabe dónde se pueden conseguir? Elsa.

ATENTADO EN BARCELONA. 17 DE AGOSTO 2017

Barcelona está de luto. Mi esposo y yo también. Hace 6 años estábamos paseando por esa rambla repleta de gente y por Tarragona, ciudad de paz. Hoy todo es dolor y angustia. Quiera Dios que toda esta irracionalidad termine. Que no haya más atentados en el mundo. Que todos podamos vivir como hermanos en Paz. Amén.  Elsa Lorences de Llaneza
Cuando todo era alegría en la Rambla de Barcelona.

jueves, 17 de agosto de 2017

ADVOCACIONES: Aída Martha Castelan, VIRGEN DE LA PALOMA

POEMA: Susana Mirta Piñeiro de Valli CONOCERTE MAS

  CONOCERTE MÁS

Cierro los ojos y siento la caricia del aire
la tibieza del sol, el canto de las aves.
Aspiro la fragancia de plantas y de flores
y todo lo que aprecio, Tu Presencia me trae.

"Un día más de vida" en que te manifiestas
así, veladamente en Tu bella Creación
y más deseos siento de ahondar en Tu Misterio
y entender cómo puedes vivir en mi interior...

¿por qué si eres tan grande, te haces tan pequeño
y humildemente anhelas mi limitado amor?
¿por qué de lo imperfecto te muestras solidario
y lo "pobre" cautiva Tu apasionado Amor?

Sin duda, como has dicho, hay que "nacer de nuevo"
cambiar nuestros esquemas y escalas de valor,
deshechar las ideas de ganancias y pérdidas
y entrar en esa lógica peculiar de Tu Amor...


                                          Susana Mirta Piñeiro de Valli
                                          Plottier (Prov. del Neuquén)
                                          susanapaplo@yahoo.com.ar
¡Qué hermoso escribes amiga! Gracias y que Dios te bendiga. Amén.

COMPARTIENDO: P. FREDY PEÑA TOBAR., ssp

Hola!

Les envío como siempre una reflexión y cápsula radial MIRADAS
, para que compartan entre sus contactos.

AUDIO


ARTICULO

Buena semana!

--

P. Fredy Peña T., ssp.
Editorial SAN PABLO - CHILE
Gracias Fredy. Como siempre todo excelente!!!!

miércoles, 16 de agosto de 2017

CELEBRACIONES LITURGICAS Aída Martha Castelan. SAN MAXIMILIANO KOLBE


Apretar el link

San Maximiliano María Kolbe nació en en la ciudad de Zdunska Wola.

Que en ese entonces se hallaba ocupada por Rusia.

Fue bautizado con el nombre de Raimundo en la iglesia parroquial.

Religioso franciscano fue muerto en el campo de concentración de Auschwitz el 14 de agosto de 1941 a los 47 años.
En 1973 Pablo VI lo beatifica y en 1982 Juan Pablo II lo canoniza como Mártir de la Caridad.
Juan Pablo II, un año después de su elección, en Auschwitz, dijo:
«Maximiliano Kolbe hizo como Jesús, no sufrió la muerte sino que donó la vida».

El ejemplo de este Santo es muy importante dar la vida para que otro viva y pueda atender a su familia. Es muy importante.
Debemos admirarlo y pedir siempre su protección.
Aída Martha Castelan
 
Así es Aída. Un gran ejemplo a seguir, pero el tenía el Don de la Fe y de la Entrega a Dios. Yo admiro mucho a este Santo. Nos dió un ejemplo de como amar al próximo tal como Jesús nos enseñaba. Mil gracias por este artículo. Bendiciones amiga. Elsa.

LA ASUNCIÓN DE MARÍA: ANA FRANCESCHINI

La casa en Éfeso y la Asunción de María, visiones de AnaCatalinaEmmerich                                                     LA CASA DONDE MARÍA VIVIÓ SUS ÚLTIMOS AÑOS EN EFESO

En base a esta visión es que se descubrió la Casa de María en Éfeso.
María no moraba en Éfeso, sino en las cercanías, donde se habían establecido varias mujeres. Su casa estaba situada a tres leguas y media de ahí, en la montaña que se veía a la izquierda viniendo de Jerusalén, y que descendía en pendiente hacia la ciudad. Cuando se viene del Sur-Este, Éfeso parece reunida al pié de la montaña. A medida que se avanza, se la ver. Ante Éfeso se ven hileras de arboles bajo los cuales frutos amarillos se encuentran por el suelo. Un poco hacia el mediodía estrechos senderos conducen sobre la montaña, cubierta de un verdor agreste. La cumbre presenta una planicie ondulada y fértil de una media legua de contorno: es ahí donde se estableció la Santa Virgen. Es un lugar muy solitario, con muchas colinas agradables y fértiles, y algunas grutas excavadas en la roca, en medio de pequeños lugares arenosos. El país es agreste, sin ser estéril; hay por aquí y por allí muchos árboles en forma piramidal, cuyo tronco es liso y cuyas ramas dan una amplia sombra.
Antes de conducir a la santa Virgen a Éfeso, Juan había hecho construir para ella una casa en ese lugar, donde ya muchas santas mujeres y varias familias cristianas se habían establecido, antes incluso de que la gran persecución estallara. Permanecían en tiendas o en grutas, hechas habitables con la ayuda de algunos entablados. Como se habían utilizado las grutas y otros emplazamientos tal y como la naturaleza los ofrecía, sus habitáculos estaban aislados, y a menudo alejadas un cuarto de legua unas de otras; esta especie de colonia presentaba el aspecto de una villa cuyas casas estuvieran dispersas a grandes intervalos. Tras la casa de María, la única que era de piedra, la montaña no ofrecía hasta la cumbre, más que una masa de rocas desde donde se veía, más allá de las copas de los arboles, la villa de Éfeso y el mar con sus numerosas islas (…). El lugar estaba más cercano al mar que Éfeso mismo, que estaba a una cierta distancia. El entorno era solitario y poco frecuentado. Había en las cercanías un castillo donde residía un rey desposeído. San Juan lo visitaba a menudo, y él se convirtió. Este lugar fue más tarde un obispado. Entre esta residencia de la Virgen y Éfeso, serpenteaba un río que hacía innumerables meandros.
La casa de María era cuadrada; la parte posterior se terminaba en redondo o en ángulo; las ventanas estaban hechas a una gran altura; el tejado era plano. Estaba separada en dos partes por el hogar que se situaba en medio. Se encendía el fuego frente a la puerta, en la excavación de un muro, terminado por los dos lados por una especie de escalones que se elevaban hasta el tejado de la casa. En el centro de este muro, corría, a partir del hogar hasta arriba, una excavación semejante a un medio cañón de chimenea, donde el humo subía y se escapaba después por una apertura practicada en el tejado. Encima de esta apertura, vi y tubo de cobre oblicuo que sobrepasaba el tejado.
Esta parte anterior de la casa estaba separada de la parte que estaba tras el hogar por cortinas ligeras en encañado. En esta parte, cuyos muros estaban bastante groseramente construidos y un poco ennegrecidos por el humo, vi a los dos lados pequeñas celdas formadas por tabiques hechos de ramas entrelazadas (cuando se quería hacer una gran habitación, se deshacían estos tabiques que eran poco elevados y se los ponía a un lado. Era en esas celdas en cuestión donde dormían la sierva de María y otras mujeres que le visitaban.
A derecha y a izquierda del hogar, pequeñas puertas conducían a la parte posterior de la casa, que estaba poco iluminada, terminada circularmente o en ángulo, estaba muy limpia y agradablemente dispuesta. Todos los muros estaban revestidos de madera, y el techo formaba una bóveda. Las vigas que la sostenían, unidas entre ellas por otros solivos y recubiertas de follaje, tenían una apariencia simple y decente.
La extremidad de esta pieza, separada del resto por una cortina, formaba la habitación de dormir de María. En el centro de la pared se encontraba, en un nicho, una especie de tabernáculo que se hacía girar sobre si mismo por medio de un cordón, según se quisiera abrir o cerrar. Había una cruz de la largura aproximada de un brazo, con la forma de una Y, así he visto yo siempre la cruz de Nuestro señor Jesucristo. No tenía ornamentos particulares, y a penas estaba entallada, como las cruces que vienen hoy en día de Tierra Santa. Creo que san Juan y María la habían dispuesto ellos mismos. Ella estaba hecha de diferentes especies de madera. Se me dijo que el tronco, de color blanquecino era ciprés; uno de los brazos, de color oscuro, en cedro; el otro brazo tirando a amarillo, en palmera; finalmente, la extremidad, con la tablilla, en madera de olivo amarilla y pulida. La cruz estaba plantada en un soporte de tierra o en piedra, como la cruz de Jesús en la roca del Calvario. A sus pies se encontraba un escrito en pergamino donde estaba escrito algo: eran, creo yo, palabras de Nuestro Señor. Sobre la cruz misma, estaba la imagen del Salvador, trazada simplemente con líneas de color oscuro, con el fin de que se la pudiera distinguir bien. Tuve también conocimiento de las meditaciones de María sobre las diferentes especies de madera de la cual estaba hecha esta cruz. Desgraciadamente, he olvidado estas bellas explicaciones. No se tampoco si la cruz de Cristo estaba realmente hecha de estas diversas especies de madera; o si esta cruz de María había sido hecha así para proveer un alimento a la meditación. Estaba situada entre dos vasos llenos de flores naturales.
Vi también un paño posado cerca de la cruz, y tuve la sensación de que era aquel con el que la Virgen, tras el descendimiento de la cruz, había limpiado la sangre que cubría el sagrado cuerpo del Salvador. Tuve esta impresión, porque a la vista de ese paño, este acto de santo amor maternal me fue presentado ante mis ojos. Sentí, al mismo tiempo, que era como el paño con el que los sacerdotes purifican el cáliz cuando han bebido la sangre del Redentor en el santo sacrificio; María, limpiando las heridas de su Hijo, me pareció que hacía algo semejante; y, por lo demás, en esta circunstancia ella había tomado y plegado de la misma manera el paño con el que se servía. Tuve la misma impresión viendo este paño cerca de la cruz.
A la derecha del oratorio, estaba la celda donde reposaba la Virgen y, frente a esta, a la izquierda del oratorio, otro pequeño reducto donde estaban dispuestos sus vestidos y sus enseres. De una a otra de las celdas, se había extendido una cortina que ocultaba el oratorio situado entre ellas. Era ante esta cortina donde María tenía la costumbre de sentarse cuando leía o trabajaba.
La celda de la santa Virgen se apoyaba por detrás en un muro recubierto de un tapiz; los tabiques laterales eran de encañado ligero, que semejaba a una obra de marquetería. En medio del tabique anterior, que estaba cubierto de una tapicería, se encontraba una puerta liviana, con dos batientes, que se abrían hacia el interior. El techo de esta celda era también un encañado que formaba como una bóveda en el centro de la cual se hallaba suspendida un lámpara con varios brazos. La cama de María era una especie de cofre vacío, de un pie y medio de altura, de la largura y anchura de una cama ordinaria de pequeñas dimensiones. Los lados estaban cubiertos de telas que descendían hasta el suelo y que estaban bordadas con franjas y borlas. Un cojín redondo servía de almohada, y un paño marrón con cuadros de cubierta. La casita estaba al lado de un bosque y rodeada de árboles con forma piramidal. Era un lugar solitario y tranquilo. Los habitáculos de otras familias se encontraban a alguna distancia. Estaban dispersados y formaban como un pueblo.

LA ASUNCIÓN DE MARÍA

Después de la Muerte, Resurrección y Ascensión de Nuestro Señor, María vivió algunos años en Jerusalén, tres en Betania y nueve en Éfeso. En esta última ciudad, la Virgen habitaba sola y con una mujer más joven que la servía y que iba a buscar los escasos alimentos que necesitaban.Vivían en silencio y en una paz profunda. No había hombres en la casa y a veces algún discípulo que andaba de viaje, venía a visitarla. Vi entrar y salir frecuentemente a un hombre, que siempre he creído que era San Juan; mas ni en Jerusalén ni en Éfeso demoraba mucho en la vecindad; iba y venía.La Virgen se hallaba silenciosa y ensimismada en los últimos años de su vida;  casi no tomaba alimento, parecía que solo su cuerpo estaba en la Tierra y que su Espíritu se hallaba en otra parte. Desde la Ascensión de Jesús todo su ser expresaba un anhelo  creciente y que la consumía.En cierta ocasión Juan y la Virgen se retiraron al Oratorio, ésta tiró un cordón y el Tabernáculo giró y se mostró la Cruz; después de haber orado los dos cierto tiempo de rodillas, Juan se levantó, extrajo de su pecho una caja de metal, la abrió por un lado, tomó un envoltorio de lana finísima sin teñir y de éste un lienzo blanco doblado y sacó el Santísimo Sacramento en forma de una partícula blanca cuadrada. Enseguida pronunció ciertas palabras en tono grave y solemne, entonces dio la Eucaristía a la Santa Virgen.
A alguna distancia detrás de la casa, en el camino que lleva a la cumbre de la montaña, la Santa Virgen había dispuesto una especie de Camino de la Cruz o Vía Crucis. Cuando habitaba en Jerusalén, jamás había cesado de andar la Vía Dolorosa y de regar con sus lágrimas los sitios donde El había sufrido. Tenía medido paso por paso todos los intervalos y su amor se alimentaba con la contemplación incesante de aquella marcha tan penosa.
Poco tiempo después de llegar a Éfeso la vi a entregarse diariamente a meditar la Pasión, siguiendo el camino que iba a la cúspide de la montaña. Al principio hacía sola esta marcha y según el número de pasos tantas veces contados por Ella, medía las distancias entre los diversos lugares en que se había verificado algún especial incidente de la Pasión del Salvador. En cada uno de los sitios, erigía una piedra o si se encontraba allí un árbol, hacía en él una señal. El camino conducía a un bosque donde un montecillo representaba el Calvario, lugar del sacrificio y una pequeña gruta el Santo Sepulcro. Cuando María hubo dividido en doce Estaciones el Camino de la Cruz, lo recorrió con su sirvienta sumida en contemplación. Separaba en cada lugar que recordaba un episodio de la Pasión, meditaba sobre él, daba gracias al Señor por su amor y la Virgen derramaba lágrimas de compasión.
Después de tres años de residencia en Éfeso, María tuvo gran deseo de volver a Jerusalén; la acompañaron Juan y Pedro y creo que muchos apóstoles se hallaban allí reunidos. A la llegada de María y de los apóstoles en Jerusalén, los vi que antes de entrar en la ciudad, visitaron el Huerto de los Olivos, el Monte Calvario, el Santo Sepulcro y todos los Santos Lugares en torno a Jerusalén. La madre de Dios se hallaba tan enternecida y llena de compasión, que apenas podía ponerse de pié, Juan y Pedro la conducían sosteniéndola de los brazos. Pasado algún tiempo, María regresó a su morada de Éfeso en compañía de San Juan.
A pesar de su avanzada edad, la Santa Virgen no manifestaba otras señales de vejez que la expresión del ardiente deseo que la consumía y la impulsaba en cierto modo a su transfiguración. Tenía una gravedad inefable, jamás la vi reírse, únicamente sonreírse con cierto aire arrebatador. Mientras más avanzada en años, su rostro se ponía más blanco y diáfano. Estaba flaca pero sin arrugas, ni otro signo de decrepitud, había llegado a ser un puro Espíritu.
Por último llegó para la Madre de Jesús, la hora de abandonar este mundo y unirse a su Divino Hijo. En su alcoba encortinada de blanco, la vi tendida sobre una cama baja y estrecha; su cabeza reposaba sobre un cojín redondo. Se hallaba pálida y devorada por un deseo vehemente. Un largo lienzo cubría su cabeza y todo su cuerpo, y encima había un cobertor de lana obscura.
Pasado algún tiempo, vi también mucha tristeza e inquietud en casa de la Santa Virgen. La sirvienta estaba en extremo afligida, se arrodillaba con frecuencia en diversos lugares de la casa y oraba con los brazos extendidos y sus ojos inundados de lágrimas. La Santa Virgen reposaba tranquila en su camastro, parecía ya llegado el momento de su muerte. Estaba envuelta en un vestido de noche y su velo se hallaba recogido en cuadro sobre su frente, solo lo bajaba sobre su rostro cuando hablaba con los hombres. Nada le vi tomar en los últimos días, sino de tiempo en tiempo una cucharada de un jugo que la sirvienta exprimía de ciertas frutas amarillas dispuestas en racimos.
Cuando la Virgen conoció que se acercaba la hora, quiso conforme a la Voluntad de Dios, bendecir a los que se hallaban presentes y despedirse. Su dormitorio estaba descubierto y Ella se sentó en la cama, su rostro se mostraba blanco, resplandeciente y como enteramente iluminado. Todos los amigos asistentes se hallaban en la parte anterior de la sala. Primero entraron los Apóstoles, se aproximaron uno en pos del otro al dormitorio de María y se arrodillaron junto a su cama. Ella bendijo a cada uno de ellos, cruzando las manos sobre sus cabezas y tocándoles ligeramente las frentes. A todos habló e hizo cuanto Jesús le hubo ordenado. Ella habló a Juan de las disposiciones que debería de tomar para su sepultura, y le encargó que diese sus vestidos a su sirvienta y a otra mujer pobre que solía venir a servirla. Tras de los Apóstoles, se acercaron los discípulos al lecho de María y recibieron de ésta su bendición, lo mismo hicieron las mujeres. Vi que una de ellas se inclinó sobre María y que la Virgen la abrazó.
Los Apóstoles habían formado un altar en el Oratorio que estaba cerca del lecho de Santa Virgen. La sirvienta había traído una mesa cubierta de blanco y de rojo, sobre la cual brillaban lámparas y cirios encendidos. María, pálida y silenciosa, miraba fijamente el cielo, a nadie hablaba y parecía arrobada en éxtasis. Estaba iluminada por el deseo, yo también me sentí impelida de aquel anhelo que la sacaba de sí. ¡Ah! Mi corazón quería volar a Dios juntamente con el de Ella. Pedro se acercó a Ella y le administró la Extremaunción, poco más o menos como se hace en el presente, enseguida le presentó el Santísimo Sacramento. La Madre de Dios se enderezó para recibirlo y después cayó sobre su almohada. Los Apóstoles oraron por algún tiempo, María se volvió a enderezar y recibió la sangre del Cáliz que le presentó Juan. En el momento en que la Virgen recibió la Sagrada Eucaristía, vi que una luz resplandeciente entraba en Ella y que la sumergía en éxtasis profundo. El rostro de María estaba fresco y risueño como en su edad florida. Sus ojos llenos de alegría miraban al Cielo.
Entonces vi un cuadro conmovedor; el techo de la alcoba de María había desaparecido y a través del cielo abierto, vi la Jerusalén Celestial. De allí bajaban dos nubes brillantes en la que se veían innumerables ángeles, entre los cuales llegaban hasta la Sma. Virgen una vía luminosa. La Santa Virgen extendió los brazos hacia ella con un deseo inmenso, y su cuerpo elevado en el aire, se mecía sobre la cama de manera que se divisaba espacio entre el cuerpo y el lecho. Desde María vi algo como una montaña esplendorosa elevarse hasta la Jerusalén Celestial; creo que era su Alma porque vi más claro entonces una figura brillante infinitamente pura que salía de su cuerpo y se elevaba por la Vía Luminosa que iba hasta el Cielo. Los dos coros de ángeles que estaban en las nubes, se reunieron más abajo de su Alma y la separaron de su cuerpo, el cual en el momento de la separación, cayó sobre la cama con los brazos cruzados sobre el pecho.
Mis abiertos ojos que seguían el Alma purísima e inmaculada de María, la vieron entrar en la Jerusalén Celestial y llegar al Trono de la Santísima Trinidad. Vi un gran número de almas entre las cuales reconocí a los Santos Joaquín y Ana, José, Isabel, Zacarías y Juan Bautista venir al encuentro de María con un júbilo respetuoso. Ella tomó su vuelo a través de ellos hasta el Trono de Dios y de su Hijo, quien haciendo brillar sobre todo lo demás la Luz que salía de sus llagas, la recibió con un Amor todo Divino, la presentó como un cetro y le mostró la Tierra bajo sus pies como si confiriese sobre Ella algún Poder Celestial. Así la vi entrar en la Gloria y olvidé todo lo que pasaba en torno de María sobre la Tierra.
Después de ésta visión, cuando miré otra vez a la Tierra, vi resplandeciente el cuerpo de la Sma. Virgen. Reposaba sobre el lecho, con el rostro luminoso, los ojos cerrados y los brazos cruzados sobre su pecho. Los Apóstoles, discípulos y santas mujeres, estaban arrodillados y oraban en derredor del cuerpo. Después vi que las santas mujeres extendieron un lienzo sobre el Santo Cuerpo y los Apóstoles con los discípulos se retiraron en la parte anterior de la casa. Las mujeres se cubrieron con sus vestidos y sus velos, se sentaron en el suelo y ya arrodilladas o sentadas, cantaban fúnebres lamentaciones. Los Apóstoles y los discípulos se taparon la cabeza con la banda de tela que llevaban alrededor del cuello y celebraron un oficio funerario; dos de ellos oraban siempre alternativamente a la cabeza y a los pies del Santo Cuerpo. Luego las mujeres quitaron de la cama el Santo Cuerpo con todos sus vestidos y lo pusieron en una larga canasta llena de gruesas coberturas y de esteras, de suerte que estaba como levantado sobre la canasta. Entonces dos de ellas pusieron un gran paño extendido sobre el cuerpo y otras dos la desnudaron bajo el lienzo, dejándole solo su larga túnica de lana. Cortaron también los bellos bucles de los cabellos de la Santa Virgen y los conservaron como recuerdo. Enseguida el santo Cuerpo fue revestido de un nuevo ropaje abierto y después por medio de lienzos puestos debajo, fue depositado respetuosamente sobre una mesa y sobre la cual se habían colocado ya los paños mortuorios y las bandas que se debían de usar. Envolvieron entonces el Santo Cuerpo con los lienzos desde los tobillos hasta el pecho y lo apretaron fuertemente con las fajas. La cabeza, las manos y los pies, no fueron envueltos de esa manera; enseguida depositaron el Cuerpo Santo en el ataúd y lo colocaron sobre el pecho una Corona de flores blancas, encarnadas y celestes como emblema de su Virginidad.
Entonces los Apóstoles, los discípulos y todos los asistentes, entraron para ver otra vez antes de ser cubierto el Santo Rostro que les era tan amado. Se arrodillaron y lloraron alrededor del Santo Cuerpo, todos tocaron las manos atadas de Nuestra Madre María como para despedirse y se retiraron. Las mujeres le dieron también los últimos adioses, le cubrieron el rostro, pusieron la tapa en el ataúd y le clavaron fajas de tela gris en el centro y en las extremidades. Enseguida colocaron el ataúd en unas andas, Pedro y Juan lo condujeron en hombros fuera de la casa. Creo que se relevaban sucesivamente, porque más tarde vi que el féretro era llevado por seis Apóstoles. Llegados a la sepultura, pusieron el Santo Cuerpo en tierra y cuatro de ellos, lo llevaron a la caverna y lo depositaron en la excavación que debía de servirle de lecho sepulcral. Todos los asistentes entraron allí uno por uno, esparcieron aromas y flores en contorno, se arrodillaron orando y vertiendo lágrimas y luego se retiraron.
Por la noche muchos Apóstoles y santas mujeres, oraban y cantaban cánticos en el jardincito delante de la tumba. Entonces me fue mostrado un cuadro maravillosamente conmovedor: Vi que una muy ancha vía luminosa bajaba del cielo hacia el sepulcro y que allí se movía un resplandor formado de tres esferas llenas de ángeles y de almas bienaventuradas que rodeaban a Nuestro Señor y el Alma resplandeciente de María. La figura de Jesucristo con sus rayos que salían de sus cicatrices, ondeaban delante de la Virgen. En torno del Alma de María, vi en la esfera interior, pequeñas figuras de niños, en la segunda, había niños como de seis años y en la tercera exterior, adolescentes o jóvenes; no vi distintamente más que sus rostros; todo lo demás se me presentó como figuras luminosas resplandecientes.
Cuando ésta visión que se me hacía cada vez más y más distinta hubo llegado a la tumba, vi una vía luminosa que se extendía desde allí hasta la Jerusalén Celestial. Entonces el Alma de la Santísima Virgen que seguía a Jesús, descendió a la tumba a través de la roca y luego uniéndose a su Cuerpo que se había transfigurado, clara y brillante se elevó María acompañado de su Divino Hijo y el coro de los Espíritus Bienaventurados hacia la Celestial Jerusalén. Toda esa Luz se perdió allí, ya no vi sobre la Tierra más que la bóveda silenciosa del estrellado Cielo  Como Santo Tomás no llegó a tiempo a despedirse de la Madre y tampoco pudo asistir al Santo Entierro; él tenía en su mente y corazón, llegar a tiempo. Pero al enterarse del desenlace por medio de los demás Apóstoles, él se puso triste y lloroso y se lamentaba no haber llegado a tiempo. El, interiormente tenía el deseo vehemente de verla por última vez y así se los hizo saber a los demás. Ya habían pasado varios días de lo del entierro; todos querían volver al Sepulcro y acceder a la petición de Tomás. Tomaron una resolución y al día siguiente muy de mañana, emprendieron el camino al Sepulcro de Nuestra Santa Madre. Estando enfrente del Sepulcro, quitaron la piedra-sello de la entrada y ¡Oh! Maravilla de Maravillas, de la bóveda salía un suave aroma de perfume de Rosas frescas; todos al sentir ese perfume, se sintieron conmovidos y perplejos; se miraron unos a otros preguntándose en silencio, con la mirada y con señas en las manos: “¿Entramos?” y aún mirándose entre ellos, todos asintieron con la cabeza y traspasando la bóveda, entraron al Santo Sepulcro hacia el sitio donde depositaron el ataúd que contenía el Cuerpo Santísimo de la Virgen María y más enorme fue la emoción y sorpresa entre ellos al ver que en el sitio solo habían Rosas frescas, fragantes y olorosas y significaban que el Señor había venido a buscar a su Santísima Madre para llevarla a su Gloria Celestial y Su Cuerpo no sufra la corrupción.
Oh María!!!  Divina niña, divina hija, Madre de Dios, esposa del Espíritu Santo, te solicito por todos los dolores que sufriste en tu vida que no nos abandones. Ten piedad de nuestros dolores y pesare y aumenta nuestra Fe para poder encontrarnos con Jesús en la hora de nuestra muerte Amén.

HNA. ROSALÍA, MARGA PÉREZ. TODO POR JESÚS.

Todo por Jesús
 

Hna. Rosalía
 
Mil gracias Hna. Rosalía. Hermosa frase. Bendiciones.

INVITACIÓN A LOS 25 AÑOS DEL FALLECIMIENTO DEL PADRE MARIO PANTALEO

Tumba del Padre
Iglesia Cristo caminante.
PADRE MARIO PANTALEO
INVITACIÓN
A 25 AÑOS DE SU FALLECIMIENTO

   Lo conocí hará unos treinta y cinco años en un momento de desesperación, en un lugar del Barrio de Flores que no recuerdo bien. Mi padre sufría Parkinson y no había remedio que pudiera evitar sus sufrimientos.
   Se comentaba que el Padre Mario era milagroso y largas colas para verlo parecían confirmar los dichos. Bajito, de mal talante pasaba por la larga fila de seres desesperados por su salud o por la de un ser querido con la foto en su mano, las lágrimas rodando por sus mejillas y la esperanza en su corazón de una curación milagrosa. Teníamos que pagar para verlo y esto no me gustó. Lo sentí un negocio y no volví más.
   Años después me hablaron de su descomunal obra hecha en González Catán. Un lugar de pobres sin esperanzas de inserción en la vida común de los que tuvimos la Gracia de Dios de nacer en otros sitios más privilegiados.
   El Padre hacía diez años que había fallecido y se pedía a la gente que apuntalara la obra que, según me contaban era cuantiosa.
   Me entró la curiosidad y como por aquel entonces yo colaboraba para una Institución que trabajaba con chicos de la calle y necesitábamos dinero para continuar la tarea, se me ocurrió organizar un paseo para conocer el Mausoleo del Padre Mario. Contraté un micro y allí fuimos, muchos por curiosidad, otros con esperanza porque se decía que el padre seguía actuando desde el más allá. Llevábamos muchas cosas para ayudar a la obra. Los cantos y las oraciones que hicimos en el micro nos llenaron el alma de Paz.
   No más llegar nos recibió la Sra. Perla Gallardo, colaboradora con el Padre desde el primer sueño acunado por él, y me llevó a conocer la Obra.
   Lo primero la Iglesia del Cristo Caminante, de la cual en 1973 se colocó la piedra fundamental. Su mausoleo, chiquito pero muy acogedor y simbólico. Allí descansaba el cuerpo del soñador y creador de todo lo que uno iba viendo. Visitamos la escuela primaria, que ahora ya se convirtió, con el paso de los años, en Secundaria y Universitaria.
   Saliendo del predio a dos cuadras más o menos, se había creado una panadería en la que daban trabajo a niños con discapacidades diferentes que hacían cosas riquísimas y que también cuidaban la huerta donde plantaban las hortalizas que luego usaban para dar de comer a los niños y ancianos que no tenían medios para sustentarse dado que la zona era muy pobre. También pasamos por el hospital también creado por el Padre.
   Muchas cosas se han hecho desde que el Padre Pantaleo falleció. Su colaboradora y su familia le pusieron el pecho y el amor y han continuado los sueños de su hacedor rodeados de mucha gente consustanciada con la premisa con que se soñó todo esto y no me cabe duda con la fuerza extraordinaria que les viene desde el cielo.
    Tres veces más llevé gente a González Catán para mostrarles lo increíble de todo lo que yo había visto.
    Hoy recibí una carta de la Asociación para comunicarme que, “Conmemorando los 25 años de la desaparición física del que fuera el Padre Mario Pantaleo el día 19 de Agosto se la invita a la celebración comunitaria en su recuerdo que comenzará a las 11 con la celebración de la Santa Misa y donde luego se disfrutará de exposiciones y shows artísticos. Para recibir más información llamar al 0.800.333.9800.”
Hago extensiva mi invitación a todos ustedes. Creo que no se van a defraudar porque es un deber conocer esta obra magnífica a favor de los niños, los ancianos y las familias sin recursos. Invito también a los que puedan colaborar, que lo hagan con lo que tengan en buen uso. Van a sentir la paz que yo siento cuando puedo colaborar con los que menos tienen.
   Padrecito Mario Pantaleo. Le ruego que desde donde usted esté, perdone a esta incrédula y su ignorancia porque creyó que lo suyo era un comercio.
   Pido a Dios y a la Virgencita que todos los que continúan su maravilloso sueño, no bajen los brazos y que su Colaboradora, desde la primera hora, Perla Gallardo y su familia, tengan muchos años más de vida para sostenerla y puedan seguir ayudando a todos aquellos que lo necesiten.  Padre Mario Pantaleo, descanse en Paz. Se lo merece. AMÉN.

                                             Elsa Lorences de Llaneza
                                            elsalorences@yahoo.com.ar