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jueves, 12 de agosto de 2021

POEMA ¿ DESTINO? TERESITA DE ANTUENO

 

                                                     ¿Destino?

Trata de huir del destino

(si crees que este existe)

porque nada se resiste

a la firme voluntad

que sin temor ni piedad

se forja un futuro sola,

no culpa a nadie y resiste

todo viento que la azota.

Muchos viven lamentando

la suerte cruel que les toca

echándole a ella toda

desdicha que hay en la vida,

cual si fueran repartidas

desde que nacen, las cosas.

Otros toman sus migajas,

sus miserias y dolores

y  los convierten en flores

que entregan a los demás.

¿Quejarse? ¡Nunca! ¡Jamás!

Cultivan, más bien, los dones

que Dios, para eso, les da.

Aunque un mal hado parezca

ensañarse en tu camino

nunca apoyes en el sino

la excusa de tu pereza.

Cosecha el que labra y reza,

No el que nunca sembró el trigo.

                          

¿No se cumplen tus deseos?

¿Los demás te dan la espalda?

Hacia el cielo, tu mirada

y las manos, al trabajo.

No abandones el arado.

Con más fuerza, aún, camina.

“¡Mala suerte!” nunca digas.

Es frase de resignados.

Acepta, pues, tu pecado,

arrepiéntete y enmienda..

No es “suerte” la recompensa

que da Dios al que confía.

 Teresita de Antueno 

El gran misterio de la vida Teresita. ¿Existe el destino o vamos haciendo nosotros el camino de la vida. Muy interesante tu poema. Te felicito. Elsa Lorences.

miércoles, 22 de julio de 2020

POEMA: EL PASADO. TERESITA DE ANTUENO



El pasado

Me sumergí en el pasado
y al volver la vista atrás
sólo quedé con lo bueno
¿para qué guardarse más?
 
El que se aferra al ayer
con culpas y en soledad
no disfruta del presente y…
¿qué futuro soñará?
 
Si en el cofre de tu alma
has reservado un lugar
atesora días bellos:
sólo lastre es lo demás.

                Teresita de Antueno
 
Toda la verdad en este poema. Mil gracias Teresita. Bendiciones Elsa.

martes, 23 de junio de 2020

POEMA JUSTICIA. TERESITA DE ANTUENO.





  Justicia 

Si amaste fielmente y te dejaron
no busques venganza: no hará falta.
Un sino persigue al que no ama.
Lo toma, imprevisto, por asalto.
 
¿No pudo amarte? ¡No lo lamentes!
Si no sabe querer… ¡Pobre diablo!
¿No piensa más que en él? ¡Nunca ha amado!
No guardes odio. ¡Lástima tenle!
 
Estará durmiendo y de su sueño
lo despertará un puñal filoso,
sacudiéndolo de su reposo
e irguiéndolo, cobarde y pequeño.
 
No será de acero el cuchillo,
sino hecho de material más duro:
Será del descarnado y puro
amor que tú le diste ¡el mismo!
 
Sentirá cuánto lo hubiste amado
y aturdido, entre estupor y miedo,
pensará:  ”¿Así? ¿Tanto me quisieron?
¿Le provoqué este ardor desesperado?”
 
Quizás lamente haberte dejado.
¿Clamará, dolido, por tu vuelta?
¿Pensará: “¡Tonto, no me di cuenta!”?
O no…¡Qué importa! No hace al caso.
 
Lo que vale es que durante algunos
minutos… segundos de agonía
sabrá que lo buscó la alegría
y la esquivó . . . porque no lo supo.
 
El hecho es, que más que una venganza,
tu deseo ha operado sin malicia.
La vida, a su modo, hace justicia
¡y es mucho mejor que la revancha!
 
                      Teresita de Antueno

Tal cual va a pasar Teresita. Lo que mandes al aire te caerá en la cabeza. Gracias por compartir. Elsa Lorences de Llaneza.

viernes, 10 de abril de 2020

POEMA: CLAVADO EN LA CRUZ. TERESITA DE ANTUENO.


 Clavado en la cruz
 
Clavado en la cruz, Señor,
nada me pides.
Pero… ¡Cómo no darte
de mí, pobre pecadora,
una oración siquiera!
 
Jesús: sintiendo tus espinas
nada reclamas.
Mas… ¿Quién no se compadece
y convierte su corazón
en fuerte llama?
 
Cristo: que de tus clavos
no te quejas
¿De qué forma no amarte
y abandonando mi egoísta queja,
arrodillarme?
 
Dios mío, que cargaste el madero
sin rebelarte
¡Cómo olvidar que lo llevaste
por Amor a mí y al Padre!
 
Y la hiel, y la burlas,
los flagelos y la sangre . . .
¿Cómo pagarte, nazareno?
Poco me pides, y, sin embargo,
menos cumplo.
 
Mas, si Pedro te negó tres veces
y las llaves del Reino le entregaste,
tengo esperanzas de que te compadezcas
de mí. Quizás… no sea tarde.         
                                          
                                                        Teresita de Antueno

Hermoso poema Teresita. Gracias por compartirlo. Bendiciones Elsa.

domingo, 7 de abril de 2019

POEMA: EL MADERO. TERESITA DE ANTUENO

  El madero

¡Ay, Cristo, que yo no puedo!
No puedo con el madero.
La carga que tú llevaste:
La cruz con todo su peso,
por amarnos, por amarme…
 
Tú los perdonaste a todos:
Pedro te negó tres veces..
¡tiene las llaves del Reino!
A María la Magdalena
a la que apedrear quisieron,
defendiste con tu cuerpo.
 
Yo a los rencores me aferro,
Y, a veces, hasta los cuento:
Este me debe tal cosa,
a aquel no le perdono eso.
 
Tú fuiste a rezar al huerto;
Yo, minutos, más o menos.
 
La corona con espinas
te hizo derramar sangre.
Sangre en tus manos clavadas
y en el grito hacia tu Padre.
 
Callar ante los insultos,
Jesús... ¡No! ¡Yo no podría!
Con enfado, rabia y odio,
con furia contestaría.
 
¡Ay, Cristo, que yo no puedo!
¡No puedo con el madero!
Lo arrastraste sin quejarte;
yo, con mil llantos lo llevo.
 
Quizás a mí me parezca
que estoy cargando un madero.
Tal vez sea sólo una astilla,
pero es que… ¡tanto reniego!
 
Pienso que si comparara
mis pesares con los tuyos
no me quejaría tanto
sabiendo que existen muchos
que tienen otros más grandes
que los míos y aun sonríen.
Dan amor a manos llenas
a aquel que lo necesite.
 
Cuando los veo me pregunto:
¿Algún día seré como ellos?
Si Dios nos ha creado a todos:
¿Qué tienen que yo no tengo?
 
He oído hablar de la Fe,
que, dicen, mueve montañas.
Debe de ser cuerda fuerte
si tan lejos los arrastra.
 
Por lo tanto, Nazareno,
te ruego que tengas calma,
que yo buscaré esa cuerda,
un poco hoy, otro mañana.
Si mi corazón la encuentra
tiraré fuerte de ella
y la cruz ya no será
sólo clavos y madera.
 
                                     Teresita de Antueno
 
  Gracias Teresita por volver a publicar tus hermosos poemas. Dios bendiga tus dones. Elsa.

sábado, 7 de abril de 2018

POEMA: SOLDADO DEL IMPERIO. TERESITA DE ANTUENO

   Soldado del Imperio

Hombre muerto, yo te guardo
aunque de ti poco sepa
pues de aquí podrían robarte,
(¿para qué querrían eso?)
Mas, mi deber no es pensar:
no mando, sólo obedezco.
Yo  (y a mucha honra lo digo)
soy soldado del Imperio.

Unos te decían “Maestro”,
Rabí, Hijo del Dios vivo.
Que hacías milagros, sanando
males del alma y del cuerpo.
Clamabas en la montaña,
y ayunabas en el huerto.
Que les devolvías la vida,
a los que ya habían muerto.

Al pasar estos portales,
un día te dieron ramos
y a los pocos, un madero.
No sé la causa concreta,
ni qué fechoría has hecho,
pero creo que se enojaron
cuando dijiste, sin miedo,
que tú tan sólo en tres días
reconstruirías el templo.
¡Qué descaro! ¡Qué osadía!
¡Tú! ¡Un simple nazareno!

Pero algo han de haber temido
¿Una sedición del pueblo?
Te acusaron de blasfemo,
me contaron compañeros.
Supongo que será grave.
No me toca a mí saberlo.
No soy judío. Soy romano.
Soy soldado del Imperio.

Vigilando hemos estado
relevando nuestro puesto
valientes, alertas, firmes,
¡qué importa si no entendemos!
Somos fuertes, somos rudos
los soldados del Imperio.

Pero alguien se aproxima.
¿Quién viene a ti, nazareno?
Estoy yendo a interrogarla
“¿Qué buscas, mujer, adentro?
Sepultado hace tres días,
sólo verás unos huesos.”

Mas,  ella no me responde
y corre con atropello.
Se aleja llorando a gritos,
no de angustia, de contento.
Sorprendido la veo irse.
Con precauciones me acerco.
Estoy listo para todo
¡soy soldado del Imperio! 

La piedra yace a un costado,
y el sudario está en el suelo.
¡No me he movido de aquí!
¿Cómo el sepulcro está abierto?
Nadie ha pasado ¡lo juro,
por los dioses de mi pueblo!

Vienen  ahora a mi mente
montados en fuerte viento:
los milagros, las promesas,
la  rasgadura del cielo,
todo lo que me contaron…
Lo que dijiste ¡era cierto!
¡No mentiste! ¡No mintieron!
Mi armadura y mi escudo
ya son demasiado peso.
Mi corazón va cambiando.
Se me doblan las rodillas
y caigo, sin más, al suelo.
Para esto me mandaron:
Ahora sí…ahora comprendo.
Ya no soy más un soldado.
Ya no me importa el Imperio.
¡Soy tuyo,  resucitado!
¡Tuyo,  Jesús nazareno!

                               Teresita de Antueno                                                                                      
Hace más de 17 años que trabajo leyendo  y publicando poemas según me enseñó el Padre Hernán Pérez Etcherape Q.P.D. Nunca leí un poema de Resurrección tan creativo y de estas características.
Te felicito Teresita de Antueno. Bienvenida a nuestro Blog. Elsa.