sábado, 1 de abril de 2017

POEMA: Bosco Ortega. GRITO DE MADRE

        GRITO DE MADRE
Se roban mis entrañas y las trafican,
se visten con pieles de mis hijos,
violan mis frutos o los acumulan,
pudren mis raíces y nieblan mi sangre.
Y les mando señales para que atiendan,
para que entiendan, para que aprendan.
Hombres de paja y acero, lobos esclavos de lobos,
idólatras tecnológicos, sicarios corporativos.
Son lo que destruyen: verdugos cosmicidas.
Atentan a la herencia de milenios,
rompen el predestinado equilibrio del Universo,
adulteran los himnos astrales
que oyen los niños, los cóndores y los delfines,
oscurecen las avenidas galácticas
donde circula la inteligencia de las estrellas.
Roturan la parábola atlética del águila, del venado y el dorado,
encapsulan la vigilia del Gliptodonte
y usuran los sudores geológicos del petróleo,
capturan las espumas eólicas,
perforan el ozono insomne
y envilecen los torrentes y arroyos.
Y les mando señales para que atiendan,
para que entiendan, para que aprendan.
Hombres de barro y uranio, buitres amaestrados por buitres,
adoradores de becerros imperiales, sofistas mediáticos.
Son lo que violan: milicias caníbales,
que mutaron el arca por el ghetto,
el crisol por el cañón, el rayo por la picana
el arado por la bayoneta, la paz por la peste,
el pan por la cadena, el fuego por el napalm,
la semilla por el virus, el bosque por el invernadero,
el trigo por la cizaña, el templo por el cepo,
el altar por el mausoleo y la riqueza por el mercader.
Colocan celdas a los ríos y candados a los vientos,
sacrifican los sonoros dominios de los bosques,
lesionan  el contrapunto cíclico de la lluvia y de humus,
de la tempestad y de la palmera, de la rama y del rocío.
Perforan el secreto esplendor de la montaña,
arrancan las pupilas de lámparas minerales,
tinieblan los prismas levitante del arco iris,
enferman el vientre del agua y el alma del aire,
el latido de las mareas y la liturgia de los océanos.
Y les mando señales para que atiendan,
para que entiendan, para que aprendan.
Hombres de paja y antimonio, hienas rentadas por hienas,
lazarillos de cíclopes, ilotas de verdugos.
Son lo que rompen: legiones genocidas.
atrofian las especies y los espacios,
alteran los desoves y vulneran las placentas,
invaden los cromosomas y giran los genes,
extirpan los vigores y monetizan los embriones,
disecan la raza  y patentan la muerte,
secan la fruta, sellan la savia y cegan el brote,
someten la herencia y clonizan el hibrido.
Y les mando señales para que atiendan,
para que entiendan y para que aprendan.
Hombres de paja y sulfuro, roedores afiliados por roedores,
mefistos seriales, vampiros usurarios .
son lo que roban: depredadores regimentados.
Bestializan al átomo y fisionan el exterminio,
aterran al colibrí y encallan la ballena
Desiertan las florestas  y engangrenan las vertientes,
mutilan el marfil y despojan al leopardo,
exilian los cardúmenes y destierran las manadas,
Derriban los bosques y erigen junglas acrílicas,
subestiman la lógica de la hormiga, de la abeja y del hornero,
agreden la sintonía de la luz y la clorofila,
siniestran las cimas y las simas,
alienan los códigos intuitivos de las eras y de los pueblos.
Y les mando señales para que atiendan
para que entiendan, para que aprendan.
Hombres de paja y titanio, pericos semantizados por pericos,
acróbatas cibernéticos, simoníacos televisivos.
Son lo que quitan: mercenarios latrocínicos.
Violan el vuelo y el ala, roban la sed y el agua,
cortan el árbol y el nido, sangran la tierra y la sombra,
rompen la piedra y el brillo, secan la flor y el olor,
saquean el grano y el hambre, rasgan el pájaro y el trino
callan el canto y la cuerda, ciegan la pupila  y la mirada,
y  tapan el sol con el pulgar  que los hace únicos en la escala animal.
Desacralizan el asombro y enajenan los orígenes,
desafían el sentido de los ancestros y la sabiduría del misterio,
deshonran la genealogía planetaria y sus designios celestes,
desarmonizan la maravilla viviente y los paraísos decisivos.
Descifran la cábala de las galaxias y disgregan sus flotillas satelitarias,
que sueñan civilizaciones de otras constelaciones
y anuncian solidaridades con otras solaridades,
premeditan la extinción de sus prójimos,
los holocaustos de los diferentes y los genocidios de los semejantes:
perciban los signos de la justicia sideral.
Escuchen a una Madre que se agita y agota en su agónico llamado:
hijos, háganme suya y los hago propios en mi placenta terrestre,
nacerán de mi propio nacimiento y por su mismo nacimiento.
Son templos de la divinidad, cálices cósmicos,
reinos de arcanos vigentes. Ahora es el nombre del tiempo
para unirlos al Grial del Universo en su amorosa alianza eterna.
No se condenen, condenándose: fluyan con la Creación.

                         Bosco Ortega

Después de esto, pisoteo mi título de poeta que no se quien me lo dió. Sin palabras Bosco. Mil gracias.

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