viernes, 6 de enero de 2017

COMPARTIENDO: Bosco Ortega. LOS REYES MAGOS


6 de Enero: Epifanía del Señor.
 Los Reyes Magos 
(Relator)
Aquella medianoche el cielo respiraba por el latido de las luminarias. Entonces la Estrella Elegida cruzó la eternidad de los astros. El aliento del Universo se detuvo y coronó el silencio: por un instante infinito la vida se arrodilló a orillas del milagro. Juntos y callados, íbamos sobre la pereza del cachapé que hundía en la picada el sueño cerrado del rollizo.
Melchor Zaracho, se llamaba uno de Ellos. Un criollo sapiente que leía mensaje en las alturas. Recuerdo, que me dijo: “Cada estrella es una voz que brilla”.
Gaspar Savisky, el otro; un hachero gringo, al que una picadura de yarará le clavó el colmillo en su mano. En medio de la fiebre San Baylón le anunció el deber de una misión: buscar a un Niño con sus manos. Desde aquel día, rastreó el destino en las palmas de los paisanos. Recuerdo, que me dijo: “Cada mano es un espejo que habla”.
Baltazar Machuca, el más alegre, era un mulato de mota crespa. Silbaba un salmo entre los labios y descifraba el canto de las aves. Recuerdo, que me dijo: “Cada pájaro es un niño que canta”. 
Me contaron que venían de lejanías sin distancia. Tal vez, donde el horizonte entra a beber al mar del cielo. Aunque yo aprendí que el cielo no tiene más riberas que la misma eternidad.
Los tres llevaban sendas bolsas en las que guardaban sus misterios y sus mandatos. Bajo la luna de corazón unánime me revelaron el secreto que palpitaba en sus alforjas: una vasija con aceite de girasol para ungir al Mesías y bendecir su llegada; un pañuelo con ruda para protegerlo del peligro y enseñarle el sabor futuro del penar humano; y una semilla de oro para mostrar al mundo su reinado de esplendor. Símbolos de la Adoración que resisten a la ceniza y el olvido, a la arena de los milenios.
Eran tres hombres bajo la noche constelada que contempló los imperios efímeros del barro y del metal. La placenta celeste avizoraba la Epifanía del Reino definitivo. Melchor, Gaspar y Baltazar, tres hombres convocados al destino de la especie por la certeza del misterio, tres seres reunidos para seguir el Dictado Divino.
Ofrezco testimonio de su presencia a la Hora del Llamado. Fui el Predestinado para cuidarle el camino de la Redención. Soy, el Adelantado de la Gloria, el Ángel Mario Nestoroff.

Villancico de Los Reyes Magos
(Cantor)
Lejanos Reyes Magos
vienen por monte y cielo,
de una patria de estrellas,
brújula de lucero.
Tres caballos cabalgan,
un tordillo enlunado,
un tobiano lustroso
y un alazán tostado.
 
Melchor lleva miel
de abeja cabachuí,
néctar de las colmenas
para el Rey cunumí.
Gaspar tramó una manta
en rueca de totora,
que tiñó con plumajes
del color de la aurora.
Baltazar, mota zulú,
avá, risa de harina,
trajo los escarpines
hechos en casuarina.
Pañales de algodón
al monarca bendito,
una semilla de oro
para el infante invicto.
Aceite para ungir,
banquito de lapacho,
sonaja de chivato,
flor de palo borracho.
Cabalgan tras La Estrella
desvelada en misterios,
respiran los obrajes
forestales sahumerios.
 
Todo el monte dormita
su silencio de aroma
y el incienso del campo
al misterio se asoma.
Los ángeles tocando
laudes chamameceros,
maitines campiriños
y salmos guitarreros.
Fragua del viento norte
sopla por el noreste,
fiebre de girasoles
y un resplandor celeste.
 
Cargaron las ofrendas
a un viejo cachapé,
el sitio, clave del mundo:
Margarita Belén.

La Navidad Chaqueña
(Cantata de Villancicos)

Letra: Bosco Ortega
Música: Zitto Segovia

Mil gracias Bosco. Hermoso tu Navidad Chaqueña.

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