sábado, 9 de julio de 2016

ORACIÓN: Lucrecia Casemajor. POR EL BICENTENARIO

ORACIÓN POR EL BICENTENARIO

Señor Jesús, hoy que se cumple el Bicentenario de la Independencia de nuestra Patria, venimos ante vos a darte gracias por los años transitados como Nación; venimos a adorarte porque  siempre estuviste a nuestro lado; y venimos a pedirte  que nuestro tiempo sea propicio para el encuentro fraterno de los argentinos.

Señor, queremos darte gracias por el legado que nos dejaron nuestros mayores, los patriotas de Tucumán y todos los que luego abonaron con sus vidas los valores que declaramos para nuestro pueblo; por ser ellos quienes dieron comienzo, en una Casa, a esta familia grande que somos los argentinos, reconociendo que nos falta mirarnos en nuestra historia, para  interpretar nuestro presente a la luz de nuestra fe y decir una palabra esperanzadora, siempre iluminada por el Evangelio.

Jesús, venimos a suplicarte la Luz de tu Espíritu Santo para saber entre todos qué país queremos ser; te pedimos que nos ayudes a  estimular el diálogo desde este hecho histórico que nos dio origen como Nación, para abrir el futuro a una Argentina fraterna y solidaria, pacificada y reconciliada.

Amado Señor, en este momento fundacional que estamos celebrando, ayudános a hacer una justa y esperada reparación de la memoria; que podamos volver la mirada sobre aquella primera generación de argentinos, que interpretando un creciente sentimiento de libertad de los pueblos a quienes representaban, asumieron la responsabilidad de encauzar los ideales americanistas.

Señor Nuestro, en tiempos de adversidad, los congresales  sesionaron en una casa austera, prestada y adaptada para este fin, invocando al Eterno que preside el Universo, en nombre y por autoridad de los pueblos que representaban.  En esa casa coincidieron sus voluntades en la independencia del país, y rubricaron la Carta Magna de la República Argentina. Hoy te decimos que deseamos que esta casa, la casa común de la Patria que todos formamos, sea un lugar de encuentro, de diálogo y de búsqueda del bien común, porque la casa es para nosotros un símbolo de lo que queremos ser como Nación.

Señor, la Nación independiente y libre se gestó en una pequeña provincia de la Argentina profunda. Los congresales hicieron de una casa de familia un espacio fecundo, donde se desarrolló una auténtica deliberación parlamentaria. En ese ambiente doméstico, los diputados de lugares tan distantes se vincularon como hermanos, motivados por la causa suprema que los convocaba.

Jesús, allí primó el interés común, dejando que las ideas reflejasen con fidelidad el sentir de los pueblos y familias que representaban. Los congresales pensaron en nosotros, en una Casa que albergara a todos sin excluir a nadie. Por esto te suplicamos que nos ayudes a organizar la casa común;  para que podamos ver y solucionar juntos  algunos males que nos aquejan, para poder compartir el ideal de vivir la Argentina como una gran familia, donde la fraternidad, la solidaridad y el bien común incluyan a todos.

Señor, la independencia y libertad proclamadas hace dos siglos, no siempre se tradujo en tiempo de paz y progreso para todos y así vemos con preocupación las  provincias sin recursos y familias pobres sin casa, la situación que viven hoy los pueblos originarios por la lamentable postergación de sus comunidades. Miles de ellos dieron la vida en las batallas por la Independencia, y por esa sola razón, la Argentina les debe gratitud e integración plena de sus derechos como ciudadanos, respetando su acervo y cultura. Por todos ellos, por nosotros como ciudadanos y por todo el pueblo tuyo que aún sufre, te pedimos tu misericordia, te suplicamos el don del Perdón y la Gracia de tu amor reconciliador.  

Señor Amado, queremos ser herramientas genuinas que acompañen a organizar la casa común, para asegurar la protección de la dignidad de la persona humana. Que se pueda recrear la política y el ejercicio del poder en clave de servicio porque el único poder siempre es servicio.  Deseamos que en todos los sectores de nuestra sociedad prime la educación para los verdaderos valores de la democracia como servicio al bien común, en la recuperación de la ética social y la moral pública para que el sistema democrático pueda defenderse de los males que hoy la desprestigian.

Señor Jesús, deseamos que nuestra democracia crezca por la participación de todo el pueblo, abierto a todas las  expresiones que buscan respuesta a inquietudes de la sociedad; donde las personas puedan vivir  fuera del anonimato y la indiferencia; donde  se los compartan valores y proyectos y donde podamos  descubrirnos unos a otros, comunicarnos y encontrarnos; queremos que nos ayudes a encontrarnos en la simpatía, la ternura y el calor humano.

Señor, queremos caminar de tu mano y por eso te pedimos que siempre nos acompañes en la construcción de este hermoso camino que permite que, en el devenir histórico,  cuando la multitud se convierte en pueblo, cada uno se vuelve importante, porque la vivencia concreta de la cultura popular, con su religiosidad, impide la manipulación ideológica del camino del pueblo, que no es sectario pues está abierto a la inclusión de todos.  Te pedimos recrear de tu mano la conciencia del bien común, para que todos podemos colaborar, según nuestras  propias capacidades y adquirir  el compromiso por la paz, y el resguardo permanente de los derechos del hombre, como son el alimento, el techo, el trabajo, la educación y el acceso a la cultura, a la salud y a la libertad religiosa.

Danos, Señor, la capacidad y el compromiso con el cuidado de la vida más frágil: los ancianos, las familias heridas por divisiones, desintegración, consecuencias de adicciones en alguno de sus miembros –alcohol, droga, juego, etc.–, las madres solas que sostienen el hogar, las abuelas que crían y educan a sus nietos, los niños «huérfanos» con padres vivos que no se ocupan de ellos, los migrantes que dejan su hogar y su cultura por mejores posibilidades.  Que seamos capaces de cuidar la casa común caminando fraternalmente con nuestros hermanos, generando encuentros y mostrando tu amor misericordioso a cada paso.

Señor de la Historia, la celebración del Bicentenario nos compromete con las generaciones futuras y el cuidado de la casa común  que formamos todos los argentinos, simbolizada hoy en la casa histórica de Tucumán. Ayudános a cuidarla,  desarrollando un proceso educativo que nos forme en valores, nos haga capaces de reconocer nuestras fragilidades y podamos desarrollar cada uno las virtudes cívicas con un compromiso estable, mediante una  educación que sea verdadera, que abra la mente y el corazón a la trascendencia de Dios, Padre y Creador de todo.  Señor, que podamos ser testigos de tu Amor a través de las exigencias originales del corazón como son la verdad, la belleza, la justicia, el amor y la  felicidad.

Finalmente Señor, pedimos la intercesión de María Antonia de la Paz y Figueroa (Mama Antula) y del Beato José Gabriel del Rosario Brochero, que serán proclamados por la Iglesia, beata y santo respectivamente y que los Santuarios Marianos de todo el territorio nacional, sean lugares privilegiados del encuentro entre los hijos y confiamos el destino de nuestra Nación a la Virgen Madre, bajo el manto y cuidado de Nuestra Señora de Luján, que recibe a todos los que la visitan sin hacer distinciones.

JESUCRISTO SEÑOR DE LA HISTORIA, TE NECESITAMOS. AMÉN.

Mil gracias Lucrecia Casemajor. Que el Señor te bendiga.

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