lunes, 25 de mayo de 2015

COMPARTIENDO: Ezequiel Sebastián Toti. VIDA DE SAN ANTONIO EL GRANDE

En el dia de la Patria, buenos dias.

Amigos me parecio bueno compartir con Vds. esta narracion, espero les guste, abrazos, Ezequiel
 San Antonio el Grande: “El león rugía, deseando atacar”
Este santo vivió entre los siglos tercero y cuarto. Fue uno de los primeros monjes en retirarse al desierto para vivir entregado al ayuno y la oración. LaIglesia conoce su historia gracias a su biógrafo San Atanasio.
Cuando la gente visitaba a San Antonio en las ruinas donde vivía escuchaba tumulto, muchas voces y el choque de armas. También veían que durante la noche aparecían bestias salvajes y que el santo combatía contra ellas mediante la oración.
En una ocasión, cuando tenía 35 años, San Antonio decidió pasar la noche solo en una tumba abandonada. Allí un grupo de demonios apareció y lo hirieron. Los arañazos del demonio le impidieron levantarse del suelo. El ermitaño comentaba que el dolor causado por esa tortura demoniaca no se comparaba a ninguna herida causada por el hombre. Al día siguiente, un amigo suyo lo encontró y lo llevó al pueblo más cercano para curarlo. Sin embargo, cuando el santo recuperó el sentido le pidió a su amigo que lo llevara de vuelta a la tumba. Al dejarlo, San Antonio gritó: “aquí estoy, yo Antonio. No huiré de tus latigazos, y ningún dolor ni tormento me separará del amor de Cristo”. San Atanasio relata que los demonios regresaron y ocurrió lo siguiente: Resonó un estruendo, semejante a un terremoto, que sacudió todo el lugar y los demonios salieron de las cuatro paredes en formas monstruosas de bestias y reptiles. Así el lugar se llenó de leones, osos, leopardos, toros, serpientes, áspides, escorpiones y lobos. El león rugía, deseando atacar; el toro se preparaba para embestir con sus cuernos; la serpiente se arrastraba buscando un punto de ataque y el lobo gruñía rodeándolo. Todos estos sonidos eran aterradores. Aunque San Antonio jadeaba de dolor, enfrentó a los demonios diciendo: “si ustedes tuviesen algún poder, habría bastado que solo uno de ustedes viniera, pero como Dios los hizo débiles, ustedes quieren aterrorizarme con su gran número: y la prueba de su debilidad es que han tomado la forma de bestias brutas”. “Si son capaces, y si han recibido un poder en mi contra, atáquenme de una vez. Pero si no son capaces, ¿porque me perturban en vano? Porque mi fe en Dios es mi refugio y la muralla que me pone a salvo de ustedes”. De repente, el techo se abrió y una luz brillante iluminó la tumba. Los demonios desaparecieron y los dolores cesaron. Al darse cuenta de que Dios lo había salvado, Antonio oró: “¿Dónde estabas? ¿Por qué no te apareciste desde el principio y me libraste de los dolores?”.
A estas preguntas, Dios respondió: “Antonio, yo estaba allí, pero esperé para verte pelear. Como has perseverado en la lucha, y no has caído, siempre estaré dispuesto a socorrerte y haré famoso tu nombre en todas parte”.
Luego de escuchar las palabras de su Señor, el monje se levantó y oró. Entonces recibió tanta fuerza que sintió que tenía más poder en su cuerpo que antes.
 Querido Ezequiel Sebastián Toti. Muchísimas gracias por esta narración tan hermosa. La vida de Santos son ejemplos para demostrarnos que Dios existe.

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