viernes, 3 de abril de 2015

MEDITACIÓN: Aída Martha Castelan. ADORACIÓN A JESÚS EN VIERNES SANTO

Señor, estamos aquí para acompañarte, queremos orar contigo, como pediste a tus discípulos, al decirles  “Quedaos aquí y velad conmigo” (Mt. 2,38).   deseamos hacerte compañía en estos momentos de tristeza y de dolor. Concédenos el no dormirnos como se durmieron tus apóstoles durante tu agonía en el Huerto de los Olivos
Esta noche estás llamado a demostrar que el amor es más fuerte que el pecado, más fuerte que la muerte, es la noche de aceptar la CRUZ.
Señor, danos contemplar esta pasión de amor y de dolor que nos hace exclamar:
Jesús, tú eres verdaderamente el Hijo de Dios, tú eres ciertamente la revelación del amor”
Silencio…
Ante la Cruz de Jesús, concentramos la mirada de manera más intensa en el rostro de Cristo. Rostro de sufrimiento y agonía, que nos permite comprender mejor lo difícil de los acontecimientos, de las situaciones que también en estos días afligen a la humanidad; Rostro de Jesús, resplandeciente de luz, que abre en nuestra existencia una nueva esperanza.
Acompañando a Cristo hacia el Gólgota comprendemos mejor a quienes yacen bajo el peso de la angustia y de la soledad. Meditando el proceso al que fue sometido Jesús, recordamos a quienes son perseguidos por su fe y a causa de la justicia y elevamos con confianza nuestra oración por todos ellos. Ponemos a los pies de la cruz el anhelo que albergan  todos los corazones: ¡el deseo de la paz!
Canto
Silencio…
Junto a la Cruz de Jesús, vemos a María, la madre, la mujer que comparte aquel dolor, aquel abandono, ella está identificada con el dolor, está ensimismada en el dolor y en el sufrimiento de su Hijo. Contemplamos a María intrépida, imperturbable hasta el punto que puede recibir en ese instante una misión universal, que de su dolor personal la lleva a la participación en todos los sufrimientos del mundo y también de los nuestros.
 Mirando la cruz de Jesús, recordando como él ha vivido, afirmamos con toda la fe de nuestro corazón: realmente de esta cruz nace vida, esta cruz es fuente de vida. Y diremos como lo hizo María al conocer que sería la Madre del Salvador.

“El Poderoso ha hecho obras grandes,
su misericordia llega a los fieles
de generación en generación,
dispersa a los soberbios de corazón,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos….
Se acuerda de su misericordia
Como lo había prometido a su pueblo para siempre.

manifestamos nuestra adhesión a Jesús crucificado, y le decimos:
Te adoramos Cristo y te bendecimos
Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo

                                      Creemos en ti, Señor
Creemos en tu cruz redentora
Adoramos tu cruz salvadora
Adherimos a tu cruz glorificadora
Besamos tu cruz bendita Amén

Gracias Aída Martha Castelan por tu meditación para acompañar la noche más larga de nuestro Señor. Dios te bendiga.

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